“Mi diagnóstico fue un herpes zóster ótico (también conocido como síndrome de Ramsay Hunt). Tuve un compromiso de pares craneales, lo que me impidió movilizarme una vez recibí el alta médica. Tenía mucha dificultad para hacer movimientos de mi vida cotidiana, por lo que el neurólogo tratante me envió a rehabilitación vestibular.
A INB llegué a consultar gracias a la recomendación de un amigo fonoaudiólogo, que me señaló que este instituto es especialista en la rehabilitación y terapia vestibular, lo que yo tenía comprometido por los nervios asociados al herpes zóster.
Los síntomas que presentaba eran mareo, vértigo, rigidez al caminar. Caminaba en bloque, con lentitud, cansancio, no podía hacer movimientos rotacionales hacia los lados derecho e izquierdo. Tenía mucha lentitud para cualquier movimiento o desplazamiento, para sentarme o pararme. Incluso en el primer diagnóstico me di cuenta que muchas de las cosas que eran naturales de mi día a día ya no podía ejecutarlas.
¿Qué puedo decir de INB? Que es realmente una experiencia. Desde que uno ingresa al centro, se vive, se huele, se siente el cariño que el equipo transmite a sus pacientes para mejorar la calidad de vida. La Verito te recibe amablemente y tanto Javi, Gustavo, Carlos y el resto de los profesionales tienen un perfil único que permite que se integren y que desde el carisma, el amor, el profesionalismo, los pacientes puedan recibir lo mejor.
Destaco la adaptación a tus horarios, a tus tiempos, a tus rutinas. Los diagnósticos, las pautas, las evaluaciones de seguimiento, las sugerencias y los informes técnicos con los que yo podía contar para llevarlos a mis médicos tratantes. Todo eso era parte de la comunicación perfecta en INB. El profesionalismo del equipo se nota, su capacitación es continua y permanente.
“Pasé de tener que ser asistida a poder ser más autónoma, ejecutar mis actividades y lograr mi retorno laboral“
-Alejandra Ulloa, usuaria INB
La terapia cambió cien por ciento mi vida. Pasé de tener que ser asistida a poder ser más autónoma, ejecutar mis actividades y lograr mi retorno laboral. Sin la terapia no lo hubiese logrado en los tiempos que lo hice. El compromiso del equipo y mi propio compromiso permitieron que este plan de terapia fuera eficiente y eficaz, y se pudiera ver en mí los resultados, los que, gracias a dios, fueron rápidos.
Hoy en día sigo en proceso, tengo pequeñas secuelas que han sido monitoreadas y acompañadas, pero recuperar mi autonomía se lo debo a INB. Yo soy nutricionista, tengo 43 años y trabajo hace quince años en la Universidad Santo Tomás. Dirijo la carrera de Nutrición y Dietética. Me apasiona formar a nuevos profesionales y también esa experiencia la viví en INB, al observar y poder estar acompañada en las terapias de futuros kinesiólogos.
Mi paso por INB me permitió volver a desempeñarme en mi mundo laboral, en mi entorno social, en mis habilidades domésticas, en mis labores de mamá, de dueña de casa y en todos los roles que yo tenía en mi vida, así que mi calidad de vida mejoró en un cien por ciento. Solo tengo agradecimiento para todo el equipo, el compromiso que tienen con sus pacientes es inigualable”.




